.
La sencillez, naturalidad,
inteligencia, buen humor,
vivacidad y coherencia con la que
Prem Rawat aborda la parte
más profunda y cercana al
ser humano en sus
pláticas; es asombrosa.
Es una espléndida oportunidad de aprendizaje continuo y el posible principio de una luminosa experiencia interior que puede acompañarte cada momento de tu vida.
Aquí se presentan sólo algunos extractos para leer; una muestra de lo que la gente está llamando... "palabras de paz". |
Un momento para siempre (extracto)
“...En cierto modo, esta vida es demasiado corta.
Estaría bien si pudieras tomar todos tus errores, arreglarlo todo, aparecer en algún sitio y decir: - “De acuerdo, ya tengo todo resuelto y estoy preparado” -.
Pero no funciona así.
Se nos ha concedido un tiempo y no sabemos cuánto.
Al principio, sólo queremos ser felices.
Es todo lo que sabemos. No sabemos nada sobre responsabilidades, ni sobre lo bueno y lo malo.
O como ser humanos. Sólo sabemos que tenemos sed de ser felices, lo que sea que eso quiera decir.
Suceden cosas buenas y cosas malas.
De niños, el optimismo es alto en todo momento.
Ayer pasó lo que pasó, pero hoy es hoy.
No se guardan recuerdos, no hay culpas.
Hayamos hecho lo que hayamos hecho, no lo planeamos.
Eso se llama “inocencia” y para todos nosotros, ese estado es precioso.
Luego pasamos por el período de aprendizaje; Ese agotador martilleo de información en nuestras cabezas. El abecedario... “A, B, C, CH, D...”, Nadie sabe porqué "A" es "A". Simplemente te piden que lo aprendas.
O porqué "1" es "1", sólo repítelo.
Y te hacen exámenes para asegurarse de que lo has aprendido bien.
Y esto sigue y sigue; se te está preparando para este mundo. ¿Qué significa eso?
Significa que has abandonado tus ideas y que ya estás listo, dispuesto y capacitado para hacer tuyas las ideas que te dará el mundo, incluida la de cómo creer en Dios.
Eso se define como “responsabilidad”.
Yo lo llamo “el salto gigante de fe”.
Entonces pasa algo increíble, - esto no le ocurre a todo el mundo, sólo a algunas personas -. Se encuentran con alguien que dice: “No es necesario ningún salto gigante de fe. No tienes por qué saltar.
Simplemente siente..., siente tu propia sed”.
Y dicen: - “¿Que…¡qué!...?”-.
Encuentran esta idea como novedosa y hasta inocente.
“...La felicidad, la alegría que quieres en tu vida está dentro de ti y la sed por ese sentimiento tiene que estar también en tu interior...”
Entonces se preguntan: - “¿Realmente es posible que haya algo tan sencillo?”-
Sí... sí es posible.
Tienes oídos porque necesitas oír.
Tienes una nariz porque necesitas respirar.
Necesitas poder ver y se te han dado un par de ojos.
Y como necesitas plenitud - no la “deseas” - la necesitas.
También se te ha proporcionado la sed por ella.
Encuentra esa sed, ese es el primer capítulo: reconocer, comprender tu propia inocencia. Y no como un concepto, pensamiento, idea o porque alguien lo diga.
La necesidad de plenitud está arraigada dentro de ti;
No en tu lógica, sino en la inocencia de tu corazón.
Es ahí donde la encontrarás y es ahí donde debes empezar.
Si tenemos sed y buscamos agua, ¡no nos distraeremos! - “¿Viste ese pájaro? ¿Viste esa roca?,... ¡Mira ese cometa en el cielo! ” - No.
- “Agua... quiero agua... agua” -
Es una necesidad, una pasión.
La verdadera pasión de un ser humano es sentirse plenamente satisfecho. Y esa pasión ha sobrevivido a todos nuestros descubrimientos, conflictos, éxitos, fracasos, desastres, catástrofes... Por muy frágil que pueda parecer, ha sobrevivido.
Como los seres humanos están cada vez más ocupados en crear armas de destrucción, en ir a la Luna, en hacer mapas de la Tierra, en inventar cosas, en hacer descubrimientos, podemos pensar que esa necesidad se ha olvidado; pero no.
Se han olvidado idiomas, han sido olvidadas costumbres y tradiciones que sobrevivieron durante miles de años. Pero, de algún modo, la búsqueda de sentirse plenamente satisfecho, ha sobrevivido.
¿Por qué te digo esto? Porque se trata de una necesidad mayor de lo que crees. Es enorme. Y deberías intentar todos los días, de forma consciente, sentirte pleno, ser feliz. No hay botón de rewind.
Cuando vuelvo al hogar, a este momento llamado “ahora”, siento que mi corazón danza de gratitud.
Quizá haya algunas lágrimas, pero son de alegría, no de tristeza. Cada fibra de mi ser se regocija por estar viva. No voy buscando el mañana, ni siquiera el instante que está por venir.
Y eso está bien, porque es un momento en el que podría vivir para siempre..."
Prem Rawat